Lo miro como se mira un recuerdo;
apenas posible en el pasado y en su dolor futuro:
dos lugares que no pueden alumbrarse.
Le queda incómodo el presente.
Es una habitación a oscuras,
yo le toco el pelo como si sumergiera mi mano
en una fuente de sombra,
su contorno vibra
y recupera el peso
y los sentidos en la extesión de mi brazo;
la fascinación y la angustia de tener un cuerpo
que pueda ser herido y festejado
es una percepción sin imagen.
Algo se acelera, gira, desaparece,
ya no late, ya no está.
Mis dedos son las flores más trites del mundo.
La luz siempre llega tarde.