Un balde de sol empieza a verterse pesadamente desde el fondo del patio de Junín;
Un agua de colores cálidos que recorre sin mácula su espalda dormida,
su planicie con lunas, lunitas, lunares,
sus animales besándole maliciosamente los omóplatos,
brotando y brindando con sus copas despeinadas por otro día sin sombra,
por sus piernas de ripio
su columna de tranqueras
sus ojos de molino.
Amanece en Junín
y todo se estira y se aplana como un cuerpo sin tensión
que se deja viajar, iluminar y despedir
sin estremecerse ni apagarse.
BCD (26/01/12) 6:30 am
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