Soy una Eva, un manojo de ansiedades con un río oscuro y agitado sobre la espalda.
Soy una Eva que sabe lo quiere cuando lo ve, y no distrae sus instintos con anuncios de neón que bajen del Cielo o el Mercado.
Si muerdo una manzana sobre tu pecho no siento que es pecado, no me siento original por nutrir mis deseos. Solamente voy por los caminos que no me opaquen la piel; no me interesa sumergirme en las llamas buscando la otra costilla si puedo vivir con una. No me interesa la indumentaria mientras dos retazos de nubes me protejan del sol y el invierno.
No quiero comprarte, no quiero venderme; no quiero que esta horda de sensaciones muera sin vértigo y con nombres.
Tal vez deje este árbol del Bien, esta raíz del Mal… esta parcela estéril de cambios es resignarme a cambiar la pasión por un triste souvenir de permanecer. Me voy por el aire a encontrarme con tus sueños, necesito hacer algo con tanta magia, necesito enroscarte a mis hilos de luz y dormir sobre los pétalos de tu espalda hasta desaparecer las marcas y las estacas del pasado.
Soy una Eva que esta sola dentro de sí misma, en una batalla permanente para domar el instinto sin traicionarlo.
Hay un animal salvaje que razona el mundo y le duele.
Hay un animal salvaje que es esencia, que es libertad, que pinta de rojo su corazón como una obra de arte y de amor: ignorado en este mundo, invaluable en el Universo de las Evas.
Soy una Eva salvaje y un animal sensible que trata de comprender cuál es su lugar si el que le dieron no lo es; en busca de un cause de expresión donde dejarse caer y del sabor irresistible que justifique la muerte.
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