martes, 4 de agosto de 2015

Dienstag

Ahora se nubla, hace calor, mi ventana cuelga de un árbol, ruedo de la cama a las sillas, de la guitarra a los dibujos, empiezo a escribir y lleno una página de espirales que tal vez quieran decir algo. Todavía tengo la noche por delante para leer hasta el delirio. Me acuden analogías unidas a la naturaleza; pienso en las mariposas que vi en el jardín este domingo, así ando también en el jardín de mis cosas. Está nublado y no estoy triste, observo mi melancolía desde cierta altura, no está mal, es buena su salud y su distancia. Pero no sé qué haría sin ese árbol. Me llega el sonido apagado del viento entre las ramas; imagino perfectamente cómo se sienten las hojas cuando estoy como ahora tan despierta y quieta. Puedo deslizarme sobre la cursiva como lo hice alguna vez sobre la nieve: la sensación es un fin en sí mismo. Nunca recuerdo si en momentos como este hay que respirar o dejar de hacerlo, es posible que elija lo incorrecto y por eso no dure. Por las dudas me dejo esta nota, que oficia de mapa, antes de exhalar.

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