martes, 25 de agosto de 2015
Lejos
Lejos. Insoportablemente lejos. Más allá de todo océano y toda arena. Dónde las cordilleras más altas son una corta inhalación; delgadas costillas del horizonte. Si el mundo fuera una línea alargándose, mucho más allá del último punto estaría yo, aún, doblándole la apuesta a la lejanía. Como si hubiera saltado del precipicio de mi propia vida para estrellarme triunfalmente contra un pedazo de planeta y esa caída siguiera todavía horizontalmente hacia donde no existe el sonido. Y si uniera cada palabra de cada libro, cada carta, cada cita, cada poema libre que leí alguna vez, esa cinta mágica ya no podría alcanzarme. Lejos de las distancias clasificables. De las inclasificables. Sin cardinalidad, sin luz que llegue ni tiempo para esperarla. El infinito desplegado como una alfombra para mi sombra que se sigue yendo y ya lo deja y ya no está.
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